martes, 23 de octubre de 2012

La felicidad y las dos gotas de aceite en la cuchara


"El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo pero nunca olvidarse de las dos gotas de aceite en la cuchara" Paulo Coelho

Nos pasamos la vida persiguiendo la felicidad como si fuera algo tangible; nos pasamos la vida quejándonos de lo que tenemos y de lo que dejamos de tener; cuando somos niños, la culpa de todo la tienen nuestros padres, y cuando somos mayores la culpa la tienen los hijos o las circunstancias que nos han tocado vivir. Preguntamos a los demás que hay que hacer para ser feliz; pensamos siempre que los demás son más felices que nosotros porque nos apetece pensarlo, no porque tengamos ninguna constancia de que eso sea así. 

Pasarnos la vida persiguiendo la felicidad como algo tangible es lo mismo que pasarse la vida esperando que el sol salga por el Oeste. Deberíamos cambiar bastantes cosas  para intentar ser felices: 

- Deja de compararte con los demás porque siempre los habrá mejores y peores que tú.
- Deja de pedir tanto a los demás y piensa en dar un poco tú.
- Disfruta el momento en que tu hijo está contigo esperando que seas su héroe.
- Deja de machacar a tus padres, porque estos ya te han dado todo lo que podían.
- Deja de ver a tus amigos como un lugar donde esconderte; ellos te pueden ayudar a andar, pero los pasos los tienes que dar tú.
- Deja el victimismo, el mundo no está contra nadie; el mundo no está contra ti, no seas tan pretencioso; el mundo y la vida simplemente son; ¿porqué un niño en la India sonríe entre montones de basura sin pensar que el mundo está contra el y nosotros vamos en el coche por la mañana con cara de haba pensando que el del coche de al lado, el tráfico y hasta los semáforos se han vuelto contra nosotros? Debe ser porque nos creemos demasiado grandes, estamos demasiado acomodados y se nos ha olvidado que la felicidad no depende de lo que realmente creemos. 

Creyendo que la felicidad es algo tangible nunca seremos felices, porque el día que no vayamos en el coche nos quejaremos de lo que tarda el autobús, y el día que vayamos en el metro nos quejaremos de la cantidad de gente que hay, y el día que vayamos en bici nos quejaremos de que hay que pedalear. Al final es evidente que el problema lo tienes tú; no lo tiene ni el tráfico, ni el autobús, ni el metro ni la bici; el problema eres tú. 

No le demos tantas vueltas, al final la cosa es más sencilla de lo que parece aunque nos cueste verlo:

Un abrazo de tu pareja cuando estás cansado eso es la felicidad; una hoja de cuaderno escrita con unas palabras de tu hijo eso es la felicidad: 


Y para terminar quiero dejaros en este post un pasaje magnífico de el libro "El Alquimista" de Pulo Coelho que supongo que todos conoceréis pero quiero recordar porque me parece que define muy bien lo que trato de decir: 

"El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas hasta que le llegara el turno de ser atendido.

El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el secreto de la felicidad.

Le pidió que diese un paseo por el palacio y regresara dos horas más tarde.

-Pero quiero pedirte un favor-completó el sabio,
entregándole una cucharita de té, en la que dejo caer dos gotas de aceite,
-mientras estés caminando, llévate esta cucharita cuidando de que el aceite no se derrame-

El joven empezó a subir y bajar las escalinatas del palacio, manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas dos horas retorno a la presencia del sabio.

-¿Qué tal?-preguntó el sabio.-¿Viste los tapetes de Persia que hay en mi comedor? ¿Viste el jardín que el maestro de los jardineros tardó diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?

El joven, avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el sabio le había confiado.

-Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo -dijo el sabio. - No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa.

Ya más tranquilo, el joven cogió nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes. Vió los jardines, las montañas a su alrededor, la delicadeza de las flores, el esmero con que cada obra de arte estaba colocada en su lugar. De regreso a la presencia del sabio le relató todo lo que había
visto.

-¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? –preguntó el sabio.

El joven miró la cuchara y se dió cuenta que las había derramado.
-Pues es el único consejo que tengo para darte –le dijo el sabio de los sabios:

"El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo pero nunca olvidarse de las dos gotas de aceite en la cuchara"


2 comentarios:

  1. Hola Juan Carlos, mi enhorabuena por esa estupenda descripción que te hace tu peque;) Esos son los momentos que nos hacen felices y que a veces olvidamos inmersos como estamos en la vorágine del día a día y, sobre todo, los que nos hacen no rendirnos y continuar luchando. Hoy precisamente me viene muy bien tu post. Gracias

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    1. Gracias a ti como siempre Elsa por tu comentario y por estar siempre ahi:-)) y me alegro mucho más aún si sirve de algo el post. Saludos

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