El título del post es un poco chocante lo sé, pero tampoco os lo toméis al pie de la letra.
Hay una serie de televisión que me gusta mucho, y que muchos conoceréis que es "Mentes Criminales".
Mentes criminales (Criminal Minds) es una serie de drama criminológico. Se estrenó el 22 de Septiembre de 2005 en el canal de televisión norteamericano, CBS. Muestra el trabajo de los miembros del equipo de Unidad de Análisis de Conducta del FBI, un grupo de investigadores de diversas ramas de la criminología que se dedica a hacer análisis psicológicos y criminológicos a criminales para facilitar su captura
La Unidad de Análisis de Conducta es una sección del FBI con sede en Quantico, Virginia. La serie sigue a un grupo de perfiladores criminales de esa unidad.Cada uno de los agentes de la unidad tiene personalidades diferentes que se complementan.
Y ahora me diréis: "bien" y "¿esto que tiene que ver?.
Creo que es tal la confusión que tienen hoy en día los departamentos de RRHH en las organizaciones, que no estaría demás, que algunos se pasaran por la Unidad de Análisis de Conducta, para que les explicaran como reconocer ciertas conductas de los candidatos a un puesto de trabajo, o como gestionar el talento de los mismos una vez que consiguen ese puesto de trabajo. Por desgracia, los departamentos de RRHH han sido el cajón de sastre de las organizaciones. Cualquiera podía estar en RRHH, cualquiera podía seleccionar y cualquiera podía echar a alguien a la calle. Craso error y así nos luce el pelo.
El desprestigio de la función de Recursos Humanos es cada día más evidente, empezando por el propio nombre del departamento que no gusta a casi nadie. Es más que sabido que las personas no debemos ser recursos, y mucho más desde el descubrimiento por Daniel Goleman de la Inteligencia Emocional. Deberíamos empezar a lo mejor por llamar al departamento, departamento de factores humanos y no de recursos humanos. Si viéramos a las personas como factores que suman, multiplican, dividen o restan según el trato que se les de, a lo mejor empezábamos a encauzar esto. Las personas ( la inteligencia emocional lo explica muy bien) somos un todo, un todo en el que debemos tener en cuenta y mucho la parte emocional.
Como podemos leer en el excelente libro de Jorge Cuervo: "Mejor liderar que mandar", libro que me recomendó una gran persona a la que recomiendo seguir en Twitter que es @nataliapiernas; en 1994, el neurólogo Antonio Dalmasio en su obra "El error de Descartes" plantea lo que él denomina la hipótesis del marcador somático según el cual el ser humano no es un ser racional, sino un ser que razona sobre una base emocional previa, que condicionará como va a pensar. Por lo tanto, primero sentimos, y luego pensamos.
En otro párrafo del libro podemos leer algo que debería estar escrito en todas las entradas de las organizaciones actuales, al igual que lo está el "Todo por la patria" en los cuarteles.
"El cambio que vivimos se producirá con dolor y traumas. De hecho, el dolor será mayor cuánto más nos resistamos. Como dijo el psiquiatra Carl Gustav Jung, "lo que aceptas se transforma, lo que resistes, persiste". Para aceptar, y así poder cambiar, necesitaremos aprender a modificar nuestras creencias y a encontrar la fuerza en nuestro interior, porque los cambios, también implican miedo, incertidumbres, a veces vértigo...."
Se podrá decir más alto, pero es difícil decirlo más claro.
O las organizaciones, y dentro de estas los departamentos de Recursos o factores humanos, aceptan rápido esos cambios y se transforman, o el dolor y las consecuencias de este serán mucho mayores.
Y termino como no podía ser de otra manera, con una frase de la agente García de la Unidad de Análisis de Conducta del FBI "Creo que la humanidad surgió del caos, por eso todos tenemos un lado oscuro. Algunos lo abrazamos, otros no pueden elegir, y el resto lucha. Es tan natural como el aire que respiramos. Llega un momento en el que hay que enfrentarse a la realidad, a nosotros. Y ese momento me ha llegado."
Pues ojalá llegue a las organizaciones y a los departamentos de RRHH también.

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