miércoles, 8 de mayo de 2013

La formación exige cambiar el foco del producto al alumno.


La formación actual no puede ser una formación cualquiera; de la misma manera que hace unos años el marketing cambió la orientación de su foco, pasándolo del producto al cliente, la formación debe hacerlo también.  

Se está dando en muchos casos una formación "a granel", donde lo que importa es el producto que vendo y venderlo por encima de todo, sin tener en cuenta las necesidades reales del alumno, del docente, que debería ser el fin último de cualquier formación.

Y esto es por desgracia aplicable a cualquier disciplina que miremos, da igual que sea en RRHH, que en Social Media, que en Marketing, que en lo que queramos.

Y también por desgracia es aplicable a las formaciones dentro de las organizaciones y a las de fuera. 

Si pretendemos cambiar el modelo de empresa con todas sus consecuencias, si queremos llevar a cabo una efectiva gestión del cambio, la formación tiene que ser uno de sus pilares básicos.
Estamos viviendo una época de saturación de formación, en muchos casos y por desgracia, aprovechando la falta de oportunidades laborales, y eso está repercutiendo directamente en la calidad de la formación que se imparte.

Muchas personas llevadas por la falta de empleo y de oportunidades están agarrándose a los cursos de formación como a un clavo ardiendo; y estas personas tienen todo el derecho a hacerlo, pero tienen también derecho a recibir una formación seria, pensada, elaborada y de calidad.


Lo malo de esto, es que otras muchas personas con pocos escrúpulos y por aquello del vender, vender y vender están vendiendo unas motos, que luego ni siquiera arrancan; pero les da igual porque como ya han vendido y han dado ese curso pues no hay problema.

La formación debe estar centrada y pensada para el alumno, no para el lucimiento personal del formador, ni para hacer caja exclusivamente.

Una formación de calidad exige una detección de necesidades, un estudio del perfil del alumnado y de los formadores, una adaptación y actualización  de los contenidos, una preparación de los mismos; lo que no puede valer es repetir siempre lo mismo sea cual sea el alumnado, sea cual sea el escenario, y sea cual sea el resultado.

La organización 2.0 exige que se cuide la formación, exige que se hagan controles de calidad de la misma, exige la participación de los alumnos en la elaboración y desarrollo de la misma. Pero en muchos casos estamos cogiendo una deriva mala, una deriva hacia el todo vale, todo cuela y aquí no pasa nada. 

Elaborar un plan de formación no es algo que se pueda ni deba hacer como el que hace churros, porque al final en vez de formación hará efectivamente churros. El problema es que esos churros no acaban repercutiendo casi nunca en quien ha elaborado ese plan ni en quien ha impartido la formación, acaba repercutiendo en el alumno que es el que iba cargado de expectativas e ilusiones y es el que en muchos casos ha hecho un esfuerzo económico para poder pagar esa formación/churro.

Tanto si es una formación de oferta como si es una formación de demanda hay que exigir un mínimo de calidad de sensatez y de respeto hacia los alumnos. Tanto si es una formación interna como externa hay que exigirlo también. 

Como decía al principio y al igual que en el Marketing, en la formación hay que acabar con esta Orientación al Producto (es decir: creamos un producto y creamos la demanda intentando convencer al usuario de sus virtudes), y empezar con la Orientación al cliente, al alumno, (es decir: escuchar a los clientes, identificar sus necesidades, entender lo que quiere y ofrecérselo).


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