jueves, 10 de octubre de 2013

Dile a tu cerebro que le diga a tu brazo que le diga a tu mano que mueva el meñique.

"El aceite de Lorenzo" o "El aceite de la vida", es una película basada en hechos reales del año 1992 en la que "Lorenzo Odone, hijo único de unos inmigrantes italianos que viven en los Estados Unidos, comienza a desarrollar a los tres años una grave enfermedad neurológica para la cual no existe ningún tratamiento conocido. En muy poco tiempo, el niño, que era absolutamente normal, queda postrado en la cama: no puede andar, ni ver ni hablar. Sus padres, sin embargo, no se rinden y luchan sin tregua hasta agotar todos los recursos a su alcance. A pesar de que ninguno de los dos es médico, empiezan a estudiar genética, biología, neurología... y buscan ayuda en todos los frentes médicos posibles". 

Y os preguntaréis ¿a qué viene esto?...

Vivimos días y momentos en los que parece que por la situación económica y de trabajo que tenemos, lo más normal sería dejarnos llevar y aceptar que no podemos cambiar nada y que nuestras fuerzas no dan para más y hay que rendirse.

Nada más lejos de la realidad, la altura de las personas no se mide en centímetros, se mide por la capacidad que tiene para mantenerse de pie cuando las cosas van mal, por su capacidad para seguir luchando a pesar de estar roto por dentro y cuando nadie te da muchas esperanzas.

Esta película es un ejemplo de como luchar cuando todo lo tienes en contra, de como estudiar por tu cuenta para buscar respuestas en una ciencia que parece no querer dártela. De como arriesgarte a perder para intentar ganar. 


La valentía más grande del ser humano es mantenerse de pie, aun cuando se esté cayendo a pedazos por dentro


Buscar trabajo se ha convertido según algunos en una tarea demasiado complicada y parece que se agotan nuestras fuerzas y nuestras esperanzas; pues bien, quizás ha llegado el momento de mirarse en el espejo de estos héroes anónimos como los padres de Lorenzo, y empezar a estudiar por nuestra cuenta, es el momento de buscar ayuda en todos los frentes posibles, es el momento de pensar que nada ni nadie va a poder con nosotros y con nuestras ganas. 

Y para empezar a movernos empecemos aunque sea por el dedo meñique, y vamos a decirle a nuestro cerebro y a nuestro cuerpo que se mueva, que no se rinda, que no se esté quieto.

Como le dice la madre a Lorenzo vamos a mover aunque sea el dedo meñique: 

"Bien. ¿Es el pulgar? ¿El índice? ¿El dedo corazón? ¿El meñique? Es el meñique. Crees que puedes mover el meñique. Bien. Dile a tu cerebro que le diga a tu brazo que le diga a tu mano que mueva el meñique. Vamos, cielo. Dile a tu cerebro que le diga a tu brazo que le diga a tu mano que mueva el meñique. Vamos, amigo. Es increíble. Un ''sí''. Y después vendrá un ''podría'' y un ''quizá'' y puede que un ''cállate, mamá'', pero de momento queremos un ''sí''. Así que dile a tu cerebro que le diga a tu brazo que le diga a tu mano que mueva el meñique. Vamos, cariño. Dile a tu cerebro que le diga a tu mano que mueva el meñique". 

Tengamos primero un "sí" rotundo por nuestra parte de que vamos a luchar, después vendrá un "podría " hacer esto que no he hecho hasta ahora y después un "quizá" pueda hacer esto también y puede que lleguemos y seguro que lo haremos a un "lo he conseguido".

Reclama el derecho a luchar por tú vida, por tus oportunidades por tú trabajo, aunque te salga mal, aunque te digan que estás loco y que te equivocas. Los padres de Lorenzo lo consiguieron, consiguieron el "Aceite de Lorenzo" no hay nada que te pueda hacer pensar que tú no lo vas a conseguir, que tú no vas a lograr tu propio aceite para tu vida.  

No lo pienses más: Dile a tu cerebro que le diga a tu brazo que le diga a tu mano que mueva el meñique.




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